--> Me llamo Leo y soy una niña de 6 años muy normal, de las que le gusta jugar en el parque, saltar y correr.
Me gustan las natillas, el arroz con tomate y el pollo al horno. Aunque lo que más me gusta en el mundo entero es el chocolate.
Vivo con mi madre y mis dos hermanos en una enorme casa con jardín. A mi madre le gusta mucho el jardín, porque hay muchas plantas y en primavera salen unas flores muy bonitas, que huelen muy bien.
Mi madre conoce la mayoría de los cuentos y los mitos fantásticos y cada noche a mi hermano pequeño Roberto y a mi nos cuenta un cuento.
Y algunos domingos, mamá nos lleva al centro a pasear, vamos al rastro de la Alameda Vieja y ella mira entre los puestos en busca de lo que mi madre llama “cosas extraordinarias".
Un día mi mamá encontró una caracola muy grande y bonita que brillaba mucho. A mi me gustó mucho y a mi madre también, por eso la compró.
Cuando llegamos a casa mamá la colocó en la librería y yo cogí un taburete y me puse a mirarla muy fijamente.
-Leo eso no se toca...
-No mamá solo la estoy mirando- dije yo, aunque en verdad sentía muchos deseos de tocarla.
Entonces mi madre, que me conocía muy bien, cogió la caracola y se sentó en el sofá.
Mi hermano Roberto se sentó a un lado y yo en el otro.
Mi madre nos contó que era una caracola mágica,pues era la caracola de una sirena.
- hay una historia que cuenta, que cuando una sirena iba a tierra y se le secaba la cola, le salían piernas. Entonces, la única manera de volver a ser sirena era conseguir aquella caracola mágica y meterse bajo el agua con ella. La magia de la caracola convertía las piernas mortales en cola de sirena.
Roberto y yo la escuchamos con los ojos abiertos como platos y al terminar la historia comenzamos a hacerle preguntas...
-Mami,¿y si lo coge un perro y se mete en el agua?- le pregunté intrigada.
-Entonces se convertirá en un perro sireno- dijo mamá divertida.
-Mami,¿y si lo coge un gatito chiquitito?- dijo Roberto que solo tenía 4 años.
-Entonces será un gato sireno... pero dudo que se meta en el agua porque no les gusta nada de nada bañarse.
-Pues hay que bañarse...- dije yo.
-Claro cariño- contestó mamá- lo que me recuerda que ha llegado la hora del baño. Voy a preparar las cosas.
Mamá se levantó del sofá, colocó la caracola de nuevo en la librería y subió a llenar la bañera de agua caliente..
Cuando subí al baño, no dejaba de pensar en la historia que había contado mamá, así que cuando se fue al cuarto a coger la ropa, yo bajé corriendo las escaleras, pero con sigilo y tras subirme al taburete, cogí la caracola y guardándomela bajo mi vestido rosa, subí las escaleras.
Entré en el baño rápidamente y la guardé bajo mi toalla rosa.
Mi hermano y yo nos bañamos. Jugamos con la espuma y con los juguetes que mi madre nos había metido y cuando llegó la hora de salir, le dije a mi mamá que sacara primero a Roberto, porque yo quería nadar como una sirena.
Cuando mi madre salió del baño con mi hermano, yo la oía en la habitación de al lado.
Entonces saqué la caracola y sin dudarlo me metí bajo el agua con ella.
De pronto todo el baño se iluminó y el agua se llenó de burbujas.
-Mami...
-¿Qué Leo?- dijo mamá que no se había dado cuenta de nada.
-Ven...- dije yo asustada.
-¿qué te pasa?- dijo a la vez que entraba en el baño
-¡¡¡¡¡¡Que me he convertido en sirena¡¡¡¡¡¡¡
-Pero Leonor, ¿no te he dicho que no lo tocaras?
Mi madre me sacó del agua y me envolvió en una toalla y por mucho que secó mi cola, no se me quitó.
Entonces empecé a sentir mucha sed y a sentirme mal.
Mi madre pensó que era normal, pues una sirena vivía en el agua.
Me metió de nuevo en la bañera y bajó corriendo.
Tomó de su librería un libro especial sobre sirenas y me dijo que aunque la caracola también funcionaba con niñas, la cola no la perdía si se secaba y en ellas la magia solo duraba una semana.
-¿Y ahora que hacemos?- dijo Roberto
-Lo único que podemos hacer...-dijo mamá- comprar una pecera muy grande.
Mamá compró una pecera tan grande como la mitad del salón y lo colocó junto a la ventana para que me diera el sol y cerca de la televisión, para que pudiera ver los dibujos.
Pero aun así, yo me aburría en mi pecera y cuando venía Roberto a jugar conmigo yo me ponía a salpicar le agua con la cola y este comenzaba a gritarle a mamá..
-Mamaaaaaaá.... ¡¡¡¡Leo me está salpicando!!!!
Y cuando mi madre veía a Roberto pipando, pipando me reñía
- Leo, ¡¡¡¡deja de mojar a tu hermano!!!! O te prometo que te echo un sobre de gelatina en el agua y a ver como salpicas entonces..
Y yo me reía, porque me imaginaba mi pecera llena de gelatina de fresa, y yo nadaba con la boca abierta para comérmela toda.
Al principio mi madre dijo en el colegio que yo estaba enferma, pero como sabía que no estaba bien mentir,decidió que lo mejor era escribir una nota a mi Señorita Mari Carmen.
Estimada Profesora,
Soy la mamá de Leo. Siento mucho comunicarle que Leonor no podrá ir al colegio durante unos días porque le ha salido cola. Si, he dicho que le ha salido cola.
Ahora Leonor es una sirena.
Atentamente,
La mamá de Leo.
La señorita no se lo creía y tuvo que venir a mi casa para verlo.
Casi se cae de culo del susto.
-Pero ésto, ¿cómo ha sucedido?-preguntó
-Yo le dije,Leo eso no se toca y Leo... lo tocó.
Mamá invitó a tomar el té a la Señorita Mari Carmen y cuando se dio cuenta de que yo estaba feliz en mi pecera, se le quitó la cara de susto y se puso muy contenta cuando vio las piruetas y las acrobacias que yo había aprendido a hacer en el agua..
-Leo, ¿qué te parece venir a clase mañana y enseñarle a los niños como viven las sirenas en el agua?
-Pues...¡¡¡¡es una idea genial!!!!!- dije yo.
Al día siguiente me habían preparado en la clase una pecera, aun más grande que la mía..
Mi madre, que me había comprado unas hebillas muy bonitas, con forma de estrellas plateadas, me las colocó en el pelo y me puso la parte de arriba del bikini también con brillos plateados.
Mi tía Lola nos llevó en su coche y cuando me metí en la pecera el agua estaba calentita para que yo no me resfriara.
Entonces yo comencé a saltar,a brincar y a hacer piruetas sin parar. Los niños aplaudían y se reían cuando, con mi cola, les salpicaba agua.
Aquel fue un día genial y todo el mundo lo pasó muy bien viendo lo bien que se me daba ser sirena.
Al domingo siguiente volví a ser una niña normal y mi madre escondió la caracola en el desván.
En el fondo a mi me daba igual porque yo prefería ser una niña normal, aunque desde entonces, todos los niños del colegio me llamaban Leo La Sirena..
Fin
Un lugar donde los sueños se convierten en los cuentos que alimenten la imaginación de los niños...
viernes, 19 de octubre de 2012
jueves, 18 de octubre de 2012
Mis sueños....
Cuando era una niña, cada mañana me levantaba de un salto de la cama y mientras desayunaba le contaba a mis padres lo que había soñado. Un día mi padre me dijo que debería escribirlos, porque todos eran fantásticos y muy bonitos y era una pena que pudiera olvidarlos con el tiempo...
Así comenzó mi andadura como escritora, escribiendo mis sueños en un cuaderno que guardaba siempre bajo mi almohada.
Por eso sé la importancia de soñar y por eso, ahora que soy adulta y madre, cada mañana cuando me levanto lo primero que hago es contarles mis sueños a mis hijos pequeños haciéndoles sonreír y fantasear... y ya hay mañanas en las que, son mis hijos Juan, Leonor y Roberto los me cuentas a mi los que ellos han tenido.
Porque alentar los sueños de los niños es como alimentar su alma...
Así comenzó mi andadura como escritora, escribiendo mis sueños en un cuaderno que guardaba siempre bajo mi almohada.
Por eso sé la importancia de soñar y por eso, ahora que soy adulta y madre, cada mañana cuando me levanto lo primero que hago es contarles mis sueños a mis hijos pequeños haciéndoles sonreír y fantasear... y ya hay mañanas en las que, son mis hijos Juan, Leonor y Roberto los me cuentas a mi los que ellos han tenido.
Porque alentar los sueños de los niños es como alimentar su alma...
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